El traje de mujer de Jasa

Durante los últimos años han sido diversas las iniciativas por la recuperación del traje de mujer de Jasa, con mayor o menor acierto, pero con elementos comunes en la mayoría de las combinaciones: los colores, la basquiña de color pardo y los manguitos azules.

Entre los escasos testimonios gráficos del siglo XVIII sobre indumentaria aragonesa encontramos los grabados a buril sobre plancha metálica realizados en 1777 por Juan de la Cruz Cano y Olmedilla. Uno de ellos, titulado como Chesa. Campagnarde de la Vallée de Iasa en Aragon, ha servido de base para la recuperación del traje de Jasa.

El traje de Jasa ha intentado reproducirse en los últimos años y es frecuente ver, en las ocasiones en que se visten trajes populares como la ofrenda de flores a la Virgen del Pilar de Zaragoza, mujeres que vistan este traje. Pero no siempre se ha recurrido al grabado original de Juan de la Cruz, sino que se han copiado versiones posteriores que ya han deformado y modificado las prendas. Así, suele dividirse el vestido en dos prendas: justillo y saya; o bien se confecciona en telas de la más variada calidad y color. Y muchos más son los errores que se pueden apreciar en los complementos.

Una de las copias coloreada que de modo más fiel reproduce la estampa original es la de G. Devère de 1789. Una imagen especular del grabado original que diverge mínimamente salvo en una menor minuciosidad en los detalles.
Una descripción detallada basada en la estampa original puede encontrarse en “Estampas de indumentaria aragonesa de los siglos XVIII y XIX” de Fernando Maneros López:

El traje de Jasa consta de una basquiña marrón sin mangas, con tirantes anchos, que desde los hombros llega a los tobillos. De gran escote y con abertura frontal, todo ribeteado de rojo, que desde encima del pecho llega hasta debajo de la cintura y que se cierra mediante encordadera.

La basquiña es una sola prenda con costura central y de talle ceñido ocasionando un ligero plisado en las caderas. A unos 10 cm del remate de la falda, hay dos bandas rojas, más oscuras que la tela de fondo, de 4 cm de grosor y separadas 10 cm.

Como prenda interior se porta una camisa blanca con gorgera que desde los hombros asciende por encima de la altura de las orejas rematada por una puntilla en forma de picos. La camisa se cierra en la zona frontal mediante un cordoncillo rojo que forma un lazo al anudarlo. Las mangas son ligeramente abullonadas y de hombro caído.

Los antebrazos se cubren con unos ceñidos manguitos azules aumentando el efecto de abullonado en la parte superior del brazo.

El calzado son abarcas marrones de piel, abiertas por el centro, que se cierran por medio de una abarquera roja que rodea el tobillo.

En cuanto a los adornos y complementos, se lucen unos sencillos pendientes compuestos de tres piezas: un aro que atraviesa el lóbulo, dos pequeñas perlas en la zona central y un remate inferior en forma de lágrima. El cuello presenta una ceñida gargantilla constituída por dos vueltas de perlas. Sobre el pecho atado a un cordón un escapulario cuadrado -se suele ver redondo en los trajes recuperados- de tela blanca y con una cruz central. También de una cadena metálica cuelgan tres medallas circulares (se adivina un rostro femenino y una cruz) y una cruz de Caravaca.

En relación al cabello, va recogido y se aprecian dos trenzas rodeando la cabeza en la zona superior. Cada trenza nace detrás de las orejas o de la zona central de la cabeza y se disponen en sentido opuesto una de la otra para rodear la cabeza. Este peinado es similar al de Ansó, si bien no están encintadas, cubiertas con una larga cinta.

En la estampa de Juan de la Cruz el personaje es denominado chesa, pero no significa que sea habitante del valle de Hecho. Con toda probabilidad el apelativo cheso se empleó como adjetivo genérico para todo habitante de los valles occidentales de Aragón reduciéndose con el tiempo a los habitantes del Valle de Hecho.

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